Lo Que Perdemos Usando Métricas Financieras Tradicionales Al Evaluar Proyectos De Innovación


03/03/2015

métricas, proyectos, finanzas


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Muchas veces, la renuencia a invertir en proyectos de innovación se sustenta en la buena salud de las finanzas de nuestra organización en un momento determinado, a partir de la cual se hacen estimaciones numéricas en apariencia sólidas. Sin embargo, debido a la velocidad con la que los mercados y tecnologías cambian, el no contar con innovación puede evitar que las organizaciones crezcan y compitan. En este panorama, es necesario superar el cobijo de los números y aventurarnos hacia el futuro con estrategias más audaces.

 

El problema: las métricas financieras tradicionales

Es muy probable que analizar la viabilidad de proyectos innovadores utilizando metodologías tradicionales nos lleve a descartarlos, lo cual, en tiempos de alta competencia, puede ser un costoso error. 

En 2008, Clayton Christensen, Stephen Kaufman y Willy Shih, afamados profesores de Harvard, señalaron que las herramientas financieras tradicionales al ser usadas para medir la eficacia de proyectos innovadores bloquean las dinámicas innovadoras. El uso del flujo de efectivo descontado (DCF) y el valor presente neto (NPV) para evaluar proyectos de inversión, la consideración de costos fijos y hundidos para futuras inversiones y la inmediatez en la política accionaria de las grandes empresas, al definir posturas de conservación de capital, son todos “asesinos de la innovación”.

Normalmente, el proceso de evaluación de un nuevo proyecto toma en cuenta tres puntos clave: factibilidad, desarrollo y lanzamiento. Entre cada una de estas etapas se atraviesan umbrales en que los equipos someten sus avances a la aprobación de un superior, quien decide la continuidad, el replanteamiento o la muerte del proyecto. Ante la complejidad derivada de la abundancia de intangibles y supuestos que tiene respaldar con datos duros una inversión en tecnologías, productos o modelos de negocio disruptivos, la toma de decisiones suele privilegiar métodos cuantificables que no favorecen la innovación.

Por más saludable que parezca el panorama financiero de una empresa consolidada, asumir que el futuro permitirá la continuidad de esos números es un error que al mismo tiempo abre las puertas a los negocios entrantes, naturalmente obligados a innovar. Ese escenario permite predecir que, a la larga, el mercado les pertenecerá a las empresas que decidan construir nuevas marcas, productos, canales de ventas y distribución.

Lo anterior es un llamado que ningún senior manager debe ignorar. Hoy, la visión de una empresa competitiva debe ajustarse a estrategias a largo plazo, sin miedo a la incertidumbre y con un canal a la innovación siempre abierto que permita contraatacar a cualquier amenaza por parte de emprendedores dispuestos a correr riesgos.

 

Probar supuestos, la manera acertada de evaluar

Es común que se cancelen los proyectos de innovación basados en proyecciones de ingreso cuando éstas no se cumplen inmediatamente después de su lanzamiento. Entonces, ¿cómo superar la visión conservadora y justificar una política de inversión innovadora y disruptiva mientras seguimos siendo responsables?

Una alternativa a los métodos tradicionales es la llamada planeación basada en los descubrimientos, que omite la fabricación de suntuosas proyecciones numéricas y se enfoca en probar supuestos para materializar las cifras que, de antemano, sabemos que nos harán lucir bien. A partir de ese análisis, el equipo encargado del proyecto elabora una lista jerárquica de los presunciones y deal killers que pueden evaluarse sin mucha inversión (reverse income statement).

Al pasar de una etapa a otra, dicha lista se emplea para evaluar si los resultados esperados son válidos, de lo contrario, debe buscarse una estrategia alternativa hasta que los presupuestos en que se basa el proyecto se validen. Si esto no se cumple, el proyecto de inversión se descarta.

Este modelo de análisis de inversiones pone énfasis en hallar las incertidumbres clave, ya que “a menudo, el fracaso en la innovación tiene sus raíces en no haber formulado una pregunta clave, más que en no haber llegado a la respuesta correcta”.

 

¿Y si no innovamos?

Ignorar las metodologías alternativas es común en las empresas establecidas y exitosas que, al fincarse en su solidez actual, soslayan el peligro que corren ante el empuje de los emprendedores y nuevos jugadores quienes, al correr el riesgo de la innovación, a mediano o largo plazo acabarán por apropiarse de los mercados. El rechazo a lo novedoso por la incertidumbre y el riesgo que naturalmente trae consigo es algo que debe quedar atrás, pues genera a la larga pérdidas de valor para las organizaciones.

Los tomadores de decisiones de las empresas deben pasar del “¿cuánto me cuesta innovar?” al “¿de qué magnitud es la oportunidad que tengo al invertir en innovación?”, lo que significa un cambio en el paradigma de pensamiento en el mundo de los negocios.

En un mundo que exige el desarrollo de nuevas capacidades para mantener a las organizaciones competitivas, la innovación y la disruptividad son la herramienta esencial para mantener a una organización vigente y en la parte más alta de la cadena alimenticia empresarial.

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